Lo que la Verdad Esconde

 

No todas las personas vemos la vida de la misma manera, ni experimentamos las mismas sensaciones ante las mismas circunstancias. Digamos que cada uno de nosotros tiene su propia perspectiva de la realidad y su propia percepción. Nuestra perspectiva es nuestro punto de vista, el ver las cosas de una determinada manera, y nuestra percepción es aquello que sentimos ante las circunstancias, es decir, cómo nos afectan las cosas, cómo las vivimos.

 

Nuestras perspectivas y nuestras percepciones están condicionadas por nuestras creencias y experiencias vitales. Éstas funcionan a modo de filtro, moldeando cada una de nuestras vivencias. Por eso, aunque la realidad la califiquemos como neutra, cada persona tiene su propia forma de ver y sentir la vida, cada persona tiene su propia verdad.

 

Esta es la verdad con la que se trabaja en mediación, la cual nada tiene que ver con demostrar quién tiene la razón. La razón es otra cosa. La razón está vinculada a la prueba, a la demostración de un hecho, que es lo propio de sistemas judiciales de resolución de conflictos en los que, a diferencia de la mediación, quien denuncia o demanda tiene la obligación de probar unos hechos, independientemente de lo que piensa o siente esa persona.

 

Cuando tenemos un problema con otra persona olvidamos lo importante que es explicar nuestras perspectivas y nuestras percepciones, lo que pensamos y lo que sentimos. De ahí que los conflictos se alarguen y perduren en el tiempo, pues estamos tan enfocados en defendernos y en demostrar quién tiene la razón, que olvidamos lo más importante, lo que subyace a toda razón y que probablemente ha sido el motivo de nuestro comportamiento y de nuestros actos.

 

En ese sentido, la verdad tiene muchas caras y lo realmente interesante es poder descubrir las diferentes caras y no quedarnos sólo con nuestro enfoque personal y parcial de la realidad, el cual nunca nos va a ayudar a comprender lo ocurrido, ni a comprender a la otra persona.

 

Para descubrir las diferentes verdades hay que hacer un doble esfuerzo. Primero tenemos que descubrir nuestra propia verdad para luego poder descubrir la verdad ajena. Se trata de cuestionarnos y plantearnos cuál es nuestra visión de las cosas y cómo nos está afectando aquello que vivimos, para posteriormente hacer lo mismo con los demás.

 

Sin embargo, en ocasiones, lo que nos ocurre es que no sabemos cómo acceder a la verdad de la otra persona y, sin querer, nos cerramos a otras realidades y a un posible entendimiento. Técnicas comunicativas como la escucha activa, las preguntas y el parafraseo pueden sernos de gran utilidad en este proceso de descubrimiento de los pensamientos y sentimientos ajenos.

 
Escuchar

Decimos que escuchamos a los demás, pero en realidad nos cuesta mucho escucharlos, sobre todo en aquellas ocasiones en las que estamos en conflicto. Pues no escuchamos con la intención de comprender, sino con la intención de defendernos o de defender nuestros argumentos. Precisamente todo lo contrario de lo que hay que hacer, pero debido al secuestro emocional que sufrimos nos ofuscamos y somos incapaces de dar prioridad a las necesidades ajenas.

 

Cuando queremos escuchar de verdad es muy útil poner en práctica la técnica de la escucha activa. Esta técnica, la cual consiste en adoptar una actitud de escucha sincera con los sentidos y con el corazón, puede ayudarnos a comprender mejor a los demás, evitar malentendidos, y, sobre todo, demostrar a los demás que los escuchamos.

 
Preguntar

Solemos hacer hipótesis de los hechos que ocurren y del comportamiento ajeno, de modo que damos por entendidas muchas de las cosas que ocurren sin cuestionarnos su verdadero origen. Esto es un gran error, pues de lo que se trata, antes de realizar juicios de valor, es de preguntar, y preguntar abiertamente a fin de que la otra persona pueda expresarse y poder, de esa manera, comprender el porqué de su actuación.

 

Existen varios tipos de preguntas. Todas ellas pueden sernos útiles para recabar información, de ahí la importancia de saber manejar unas y otras. Unas nos ayudarán a iniciar conversaciones y a obtener información de una forma libre y amplia (preguntas abiertas); otras dirigirán la conversación a un punto determinado y la concretarán (preguntas cerradas); otras pondrán en relación elementos, situaciones, objetos, personas (preguntas circulares o sistémicas); otras nos ayudarán a clarificar objetivos (preguntas hipotéticas).

 
Parafrasear

Una vez hemos escuchado y preguntado, de lo que se trata es de corroborar que hemos comprendido lo que nos han explicado parafraseando las palabras de la otra persona. El mensaje no siempre nos llega de la misma manera debido a los diversos tipos de interferencias (del emisor, del receptor, lingüísticas, del ambiente…), de ahí la necesidad de asegurarnos de que aquello que hemos escuchado lo hemos entendido tal y como el emisor quiere que lo entendamos.

 

Parafrasear significa realizar un resumen sintético tendiente a verificar la correcta comprensión de lo expuesto por el emisor. Se trata de una técnica muy usada por los mediadores, y, en el transcurso de los procesos de mediación, nos ayuda a los mediadores a poder demostrar a los mediados que los escuchamos y que los comprendemos, neutralizando determinadas emociones negativas, pero sin dejar de reconocer las mismas.

 

 

Esta capacidad de ver y comprender las distintas realidades no es una tarea difícil, sin embargo, requiere de cierta disposición y sensibilidad. Ver lo que la verdad esconde es lo que nos va a ayudar a alcanzar acuerdos satisfactorios y a tratar de forma pacífica y dialogada nuestros conflictos. Esta habilidad es el punto de partida de la tan mencionada imparcialidad de los mediadores en el desarrollo de nuestra actividad, pues sólo a partir de una concepción más amplia y global se puede llegar a comprender mejor la realidad de los mediados aceptando los diversos puntos de vista sin tomar partido.

 
 
María del Carmen García Jiménez
Mediadora Profesional